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Ser monje en el siglo XXI

El corazón de nuestra vida monástica es el Evangelio anunciado hace 2000 años por Jesucristo. Su forma concreta la tomamos de la Regla de San Benito redactada hace 1500 años. Como monjes del siglo XXI, nos consideramos humildes herederos de una tradición de más de mil años.

Sin embargo, creemos que debemos enfocar nuestra mirada en el futuro más que en el pasado. En primer lugar, en tanto que herederos tenemos la responsabilidad de transmitir lo que hemos recibido y enriquecerlo. La tradición, o bien está viva o bien no existe. Pero también, y principalmente, porque nuestra tarea como monjes es enfocar nuestra mirada en el Dios que está en camino, ser testigos del mundo que vendrá.

Sin embargo, somos hombres de nuestro tiempo, no podemos negarlo. Jesucristo, a quien intentamos seguir fielmente, fue completamente un hombre de su época.

Ser monje en el siglo XXI es, sin duda, un desafío. El desafío de encarnar en la actualidad el ideal de la vida monástica como lo describió la Regla de San Benito. A menudo nos preguntamos: « ¿Qué debería cambiar de nuestra manera de vivir y qué no para que seamos verdaderamente fieles a la Regla de San Benito? De entre las novedades de nuestra época, ¿qué podemos aceptar que entre en nuestro monasterio? ¿Qué debemos dejar fuera? » A menudo nos planteamos esta cuestión sobre las nuevas tecnologías. Sabemos que una tecnología nunca es mala en sí misma, pero que podemos darle un mal o un buen uso. Con Internet, un monje podría recorrer el mundo entero sin salir físicamente del monasterio, ¿estaría respetando realmente la clausura que San Benito quería para sus discípulos?

Concretamente, ciertos servicios como la bodega (es decir, el economato del monasterio) o la editorial tienen acceso a Internet. Los monjes que lo necesitan para su trabajo también pueden recurrir a Internet. Utilizado con disciplina y discernimiento, Internet se convierte en una herramienta formidable que en último término protege la clausura: ahora podemos realizar ciertas tareas desde el monasterio, mientras que en el pasado nos obligaban a salir de él.