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La vida fraterna

La vida fraterna es, junto con la lectio divina, la plegaria y el trabajo, otro medio fundamental para encontrar a Dios. Dijo Jesucristo: « Lo que hagáis al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo haréis » (Mat 25, 40). Por eso San Benito dicta al principio del capítulo de su Regla dedicado a la acogida de huéspedes: « Recibiremos a todos los huéspedes que se presenten como al Cristo mismo » (cap. 53).

Pero Dios también se nos presenta en nuestros hermanos, especialmente en los que sufren. San Benito es muy claro: « Antes y sobre todo, cuidaremos de los enfermos y los serviremos como si fueran Cristo en persona » (cap. 36). Creemos plenamente que cada uno de nuestros hermanos fue creado a semejanza de Dios y que es un hijo de Dios. Cuando hablamos con nuestros hermanos, Dios se manifiesta en nosotros. Por este motivo, los momentos que pasamos acompañados unos de otros, las actividades de ocio y los paseos son muy importantes para nosotros.

San Benito insiste mucho en su Regla sobre la calidad de las relaciones fraternales: « Los monjes deberán ser los primeros en honrarse mutuamente; atenderán con la mayor paciencia a las enfermedades de los otros, físicas y morales; se obedecerán unos a otros sin descanso; ninguno buscará lo que le sea útil a sí mismo, sino al otro; se prodigarán la caridad de los hermanos en absoluta pureza » (cap. 72).

De acuerdo con lo que dicta San Benito, tratamos ejercer la caridad fraternal en su máximo exponente en nuestras vidas. Lo hacemos a través de un gran número de pequeños gestos, como caminar al mismo paso que nuestro acompañante o preparar un pequeño ramo de flores para el hermano que celebra una fiesta.

Pero también sabemos que la vida fraternal es un reto: a veces, en vez de ser un reflejo de Dios, podemos llegar a convertirnos en una pantalla que sólo nos refleja a nosotros mismos. No somos santos, sino pecadores que se esfuerzan por cambiar con la ayuda de Dios y la luz del Evangelio. Por esta razón, San Benito dicta que la plegaria del Padre Nuestro sea recitada por completo en voz alta en Laudes y Vísperas: « porque como suelen aparecer las espinas de los escándalos, para que los hermanos se reúnan por la promesa que se hace en la plegaria que dice: "Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden" y así se purifiquen ellos mismos de esta falta » (cap. 13).

Nuestra vida fraternal no está libre de dificultades. Pero también es, sin lugar a dudas, una de las mayores alegrías de nuestra vida.