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Somos alrededor de 50 monjes.

De nuestro trabajo. Las principales fuentes de ingreso son la tienda del monasterio, la editorial de libros y discos y los honorarios de las misas. También recibimos algunas donaciones de nuestros benefactores. Nuestros gastos son escasos debido a nuestro voto de pobreza.

No tenemos radio ni televisión. Tenemos algunos periódicos a nuestra disposición. Esta discreción en el uso de los medios de comunicación no significa que el mundo nos resulte indiferente. De vez en cuando, asistimos a conferencias de personalidades que pasan por nuestro monasterio.

Generalmente, no. Después de la ordenación sacerdotal, disponemos de una semana para celebrar las primeras misas. Pero nuestras familias pueden venir a vernos tres o cuatro veces al año y podemos escribirles. Nuestros seres queridos, sobre todo, están muy presentes durante nuestras plegarias.

Para nosotros, la rutina es un peligro real. Pero para aquéllos que tienen fe, la monotonía es sólo aparente. . Tenemos ocupaciones definidas para cada momento del día. Las fiestas litúrgicas son momentos intensos. Dios es todo lo contrario al aburrimiento: ¡es apasionante! Cuando más Lo conoces, más deseas adentrarte más en su Vida Trinitaria.

Como en todas las familias, de vez en cuando no estamos de acuerdo en cómo hacer las cosas. Cada uno tiene su carácter... No somos perfectos. Así que sí, de vez en cuando discutimos. Pero San Benito exige en su Regla que nos reconciliemos antes de que caiga el sol (cap. 4). La unidad entre nosotros es un don divino, cuidado con celo por nuestro Padre Abad. Una de sus tareas más importantes es preservar la unidad de todos los miembros de la familia.

Todas las vidas humanas tienen sus dificultades. La vida monástica tiene las suyas. Vivir en clausura, levantarse pronto, ayunar frecuentemente... no son precisamente placeres para la naturaleza humana. Incluso aunque vivimos en comunidad, hay una parte de soledad en nuestra vida. Sin embargo, el éxito de la Regla de San Benito yace en su "discreción". Es decir, busca adaptarse a cada uno: tanto a aquéllos sin buena salud como a aquéllos que pueden esforzarse más. Pero sobre todo, ¡el Espíritu Santo otorga su alegría al corazón de aquéllos que lo han dejado todo para seguir a Cristo!

Los monjes no son inmunes a las tentaciones contra la fe. Las verdades de la fe pueden estar rodeadas de oscuridad y parecer difíciles de creer. Pero Dios no deniega su Gracia a aquél que la pide. El que deposita su confianza en Dios, incluso a pesar de sus dudas, saldrá de esas dudas con una fe más pura y más firme.

Hemos venido aquí libremente y permanecemos aquí por voluntad propia. Eso no quita que pueda haber periodos en los que la perseverancia sea difícil, pero Dios es fiel y su Gracia siempre es abundante. Los matrimonios también se deben fidelidad. Muy de vez en cuando, un monje deja el monasterio. Esto es una gran tristeza que llevamos en nuestras plegarias... es como que nos amputen un miembro.

El Padre Abad es elegido por los monjes mediante un voto secreto. Debe obtener dos tercios de los votos para ser elegido. Un nuevo Abad es confirmado por la Santa Sede. Sigue siendo Abad de por vida, pero puede dimitir cuando sienta que ya no tiene fuerzas para desempeñar su tarea.